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Espacio cultura del vino > antigüedad

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6 results

REYNOLDS, Joshua

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 Pintor británico, hijo de un pastor protestante, ingresa en 1740 en el taller de Thomas Hudson y solo tres años después inicia su carrera profesional como retratista. Viaja en 1749 a Roma, y regresa en 1752 a Londres, pasando por Florencia, Parma, Bolonia, Venecia y París. Estudia detenidamente los monumentos de la ­Antigüedad, las obras de Rafael y Miguel Ángel y realiza dibujos de las pinturas de Tiziano, Tintoretto y Veronés. Se convierte pronto en un requerido retratista de numerosa clientela, contando con innumerables ayudantes de taller, tal como consta en sus detallados libros de anotaciones. Retrata a la elite intelectual, política y burguesa, a la que se suman los trabajos para la alta aristocracia. Como buen comerciante, difunde sus obras también a través de estampas. Partiendo de ­Antonio van Dyck y de Godfrey Kneller, reforma el concepto tradicional de la ­retratística británica y desarrolla principios que se ajustan siempre al tipo de encargo y al comitente, avivando las efigies a menudo con elementos dramáticos que acercan las imágenes a la pintura de historia. En los retratos de aparato dominan los elementos clasicistas, los gestos retóricos y las tonalidades de gran pureza; en los encargos particulares o en los retratos de formato más ­pequeño -sobre todo si el modelo pertenece al círculo de conocidos- Reynolds evoca el tenebrismo al estilo de Rembrandt, haciendo hincapié en la captación psicológica del personaje. Para retratar a las mujeres sigue una línea más idealizada, vistiéndolas a menudo con ropajes teatrales que las convierten en musas y diosas. La autoridad de Reynolds en el campo teórico es indiscutible: en 1768 se convierte en el primer presidente de la Royal Academy, predicando en sus quince Discursos sobre el arte las ideas estéticas del neoclasicismo. Su obra más madura se caracteriza, sin embargo, por un estilo menos académico, influido por su viaje a Holanda y Flandes en 1781 y por su encuentro con Pedro Pablo Rubens.

Fuente: Museo del Prado

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DE JUANES, Juan

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Uno de los más importantes pintores del renacimiento español, dominador absoluto del panorama valenciano a mediados del siglo XVI. La autoría de algunas de sus obras está todavía en discusión, adjudicándoselas a su padre, el pintor Juan Vicente Masip que, activo ya en 1493, fue, sin duda, uno de los grandes pintores valencianos de la primera parte del quinientos. Su hijo Juan comenzó a trabajar en el taller paterno y juntos colaboraron en la realización de numerosos trabajos. El nombre de Juan aparece por vez primera en relación con el retablo de la catedral de Segorbe, en 1531. Es por esos años cuando se aprecia una profunda renovación estilística en la obra de Juan Vicente Masip. Las posturas son divergentes a la hora de valorar si la posible maduración lograda por su hijo Juan influyó en el padre, o si, por el contrario, fue la influencia de éste la que marcó dicha evolución en el hijo. Lo cierto es que a partir de los años treinta, Juan de Juanes se afianza como la personalidad dominante del taller, y llega a convertirse en la figura artística más respetada y requerida de Valencia. Las alabanzas de los escritores contemporáneos nos dan idea de la fama que logró en vida. Juanes estuvo en contacto con la cultura literaria y los importantes círculos humanísticos de la capital virreinal y parece haber sido un artista de intensa preocupación intelectual, que dominaba el latín, y quizá a causa de ello latinizó su nombre, haciendo parangonable su obra con la de los mejores pintores de la Antigüedad, y huyendo del más pedestre apellido «Maçip». Su pintura mantiene un componente flamenco que pudo renovar visitando las colecciones de personajes notables a los que frecuentó, como Mencía de Mendoza. A ello se une la influencia predominante italiana, que desde el leonardismo presente en la Valencia de los Hernando, se actualiza con la influencia de Rafael y el conocimiento de la pintura de Sebastiano del Piombo. Las obras de este último, traídas a Valencia por Jerónimo Vich, embajador en Roma hasta 1521, son indispensables para entender la pintura de Juanes, cuyos modelos se encuentran ya en el comentado retablo de Segorbe. A pesar de que las influencias italianas son tan evidentes que han hecho pensar en un posible viaje de Juanes a Italia, sin embargo, podrían explicarse por el pleno conocimiento del arte italiano que el artista pudo adquirir en el ambiente artístico valenciano. Es probable que hubiera visto la obra de Rafael a través de estampas y no directamente. Aunque en Juanes es preponderante la pintura de temática religiosa, también llevó a cabo obras mitológicas y una serie de retratos de los prelados de la catedral de Valencia, de Alfonso V y de don Luis Castellà de Vilanova, señor de Bicorp (Prado). Donde Juanes alcanza una de sus máximas cotas es en los lienzos del Retablo de san Esteban (Prado), pintados para el retablo mayor de la iglesia de San Esteban de Valencia hacia 1562 y que permanecieron allí hasta su adquisición por Carlos IV alrededor de 1800. En ellos el pintor se muestra en plena forma, dominando todos los recursos pictóricos. Exquisito dibujante, muestra a la vez un colorido rico y brillante, los fondos de las pinturas se articulan con evocadores paisajes poblados de arquitecturas y ruinas clásicas, compuestas como citas eruditas, mientras dota a sus personajes de una gestualidad retórica que demuestra su conocimiento y meditación sobre los tratados de elocuencia clásica (García López, D. en: E.M.N.P., 2006, tomo IV, pp. 1356-1357).

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RENI, Guido

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Pintor y grabador italiano. Artista largamente ignorado, fue sin embargo considerado en su época uno de los pintores más importantes de Italia. Su definitiva recuperación crítica se llevó a cabo en 1954, con motivo de la memorable exposición que tuvo lugar en dicho año en Bolonia. Su pintura, profundamente influida por la Antigüedad clásica y por Rafael, constituye una de las más vigorosas muestras de la tendencia clasicista del arte barroco. En Bolonia fue dis­cípulo del artista flamenco Dionisio Fiamingo Calvaert, aunque muy pronto, quizás antes de 1595, comenzó a frecuentar la academia de los Carracci, cuya educación propugnaba el retorno a la naturaleza. Son muy pocas las obras existentes de esta primera etapa boloñesa, aunque las conocidas lo muestran experimentando con elementos formales de la tradición (Calvaert, Francesco Francia o Francesco Vanni), junto a otros que muestran ya su independencia de carácter, que propugna una visión más heroica e idealizada de la realidad. Su partida para Roma debió de producirse en 1601 y allí permaneció durante unos quince años, con puntuales viajes a Bolonia (quizá en 1603, para asistir al funeral de Agostino Carracci). Allí profundizó en el conocimiento de la pintura de Rafael y la copia de esculturas clásicas. Además, Roma le proporcionó la ocasión de entrar en contacto con propuestas innovadoras como era la pintura de Caravaggio, cuyo influjo se deja sentir poderosamente en su producción de 1603 a 1605, en obras como Crucifixión de san Pedro (Musei ­Vaticani, Roma). A partir de este momento, Reni manifestó con total independencia su personalidad artís­tica para importantes comitentes, como los cardenales Paolo Emilio Sfondrati o Scipione Borghese, este último sobrino de Pablo V para el que realizó los frescos de San Andrea conducido al martirio, en el oratorio de San Andrés (San Gregorio al Celio, 1609) o la Aurora para el Casino de su nombre (1614). Al mismo tiempo llevó a cabo importantes encargos para Bolonia, entre los que se encuentra Matanza de los inocentes (1611, Pinacoteca ­Nazionale di Bologna), una de sus obras fundamentales. En esos momentos Reni alcanzó un lugar determinante en la cultura artística romana, sufriendo la influencia de Alba­ni, Caballero de Arpino, Rubens y Gentileschi, al mismo tiempo que influyó poderosamente en otros, como Bernini. En 1614 se estableció definitivamente en Bolonia, ciudad que abandonó solo para trasladarse brevemente a Roma o Nápoles. Durante este periodo realizó obras como ­Hipomenes y Atalanta (Prado), una de sus obras maestras más reconocidas, y creó también sus célebres personajes femeninos (Cleopatra, Lucrecia, Salomé, Judith, etc.), dulces y serenas representaciones que gozaron de amplísima popularidad y que fueron copiadas en infinidad de ocasiones. Durante sus últimos años Reni modificó su paleta, que progresivamente se fue aclarando hasta alcanzar una calidad casi monocroma, con perfiles también cada vez más imprecisos y pinceladas más libres. Alguna de estas obras ha planteado enconadas polémicas entre los especialistas en su pintura, los cuales debaten sobre si se trata de obras finalizadas, o si, por el contrario, son los cuadros que se encontraban sin terminar en su taller en el momento de su muerte.

FUENTE: Museo del Prado

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MANTEGNA, Andrea

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Se formó en Padua con el pintor y anticuario Francesco Squarzione, quien le transmitió un interés por la Antigüedad que consolidaría después merced a sus contactos con los humanistas de la universidad paduana. Junto a esta fascinación por el arte clásico, sin parangón entre los pintores de su generación, el conocimiento de la obra de Donatello en Padua y su contacto con la pintura veneciana (en 1453 casó con la hija de Jacopo Bellini), completan el panorama donde se desarrolló la formación y primera etapa profesional de Mantegna. En 1459 abandonó Padua para instalarse en Mantua, donde permaneció hasta su muerte al servicio de los Gonzaga.

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RIBERA, José de

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Ribera es, cronológicamente, el primero de los grandes maestros españoles que surgieron en las décadas centrales del siglo XVII. Los comienzos de su educación artística son todavía objeto de conjetura, pero hay constancia de su presencia en Parma en 1611, cuando tenía veinte años. Cuatro años más tarde se encuentra en Roma, en una colonia de pintores extranjeros y llevando quizá una vida bohemia: se cuenta que abandonó la ciudad para escapar de sus acreedores. Para 1616 estaba en Nápoles, donde se casó con la hija de Bernardino Azzolino, un importante pintor local de reconocido prestigio. El reino de Nápoles estaba entonces bajo el dominio de España, y Ribera vivió en su capital por el resto de su vida. Además de tener importantes clientes de Roma y otras ciudades aparte de Nápoles, el joven pintor fue pronto descubierto por el virrey español, el duque de Osuna. Por mediación del duque y de todos los virreyes siguientes (el duque de Alcalá, el conde de Monterrey y el duque de Medina de las Torres), su obra entró a España, y en particular a la colección real.

De hecho, Felipe IV llegó a poseer más pinturas de Ribera que de ningún otro artista español (alrededor de cien, distribuidas entre El Escorial y el Palacio Real). A pesar de la influencia que ejerció Ribera sobre los pintores españoles, los críticos e historiadores del arte estiman que su estilo, tipos y temas son marcadamente extranjeros. Ribera adoptó una forma extrema del naturalismo de Caravaggio, que se manifiesta en su uso de fuertes contrastes de luz y sombra y en su galería de personajes toscos presentados con crudo realismo, pero también absorbió rasgos de otros lenguajes artísticos de la época tales como el clasicismo boloñés y el color romano. Tal diversidad de medios expresivos fue única entre sus contemporáneos españoles. Además de los temas religiosos, Ribera cultivó otros géneros que no tenían paralelo en España, tales como sus series de mendigos y de filósofos de la Antigüedad, o escenas inspiradas en la mitología clásica, que debe haber conocido a fondo. También fue dibujante prolífico y experto grabador, ocupaciones poco comunes entre los artistas españoles de ese período.

FUENTE: Museo del Prado

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SCOREL, Jan Van

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Humanista, arquitecto, ingeniero y pintor, que introdujo el estilo pictórico del renacimiento italiano en los Países Bajos, como su maestro, Jan Gossaert, hizo en Bruselas. Estudió con varios artistas locales. Su pasión por los viajes le llevó en 1519 a Alemania donde visitó a Durero, Austria y Venecia, desde donde viajó a Tierra Santa llegando en 1520, Chipre, Rodas y Creta. Un año más tarde regresó a Italia. El papa Adriano VI se convirtió en el protector más importante de Van Scorel en Roma y en 1522 le nombró conservador de la colección pontificia del Belvedere. Durante su etapa en Italia su obra estuvo influida por la de Rafael y Miguel Ángel. Tras la misteriosa muerte del papa el 14 de septiembre de 1523, Van Scorel regresó a los Países Bajos y se instaló en Utrecht. Habiéndose formado en las obras de la Antigüedad clásica y en las de artistas contemporáneos del alto renacimiento, regresó a los Países Bajos convertido en un auténtico "romanista". A su regreso a Holanda introdujo en sus composiciones elementos clásicos como desnudos, tejidos, arquitecturas y paisajes imaginarios. Muchas de sus pinturas basadas en temática religiosa, sobre todo sus retablos, fueron destruidas durante el movimiento iconoclasta de 1566 (Fransen, B. en E.M.N.P, 2006, tomo VI, pp. 1998-1999).

FUENTE: MUSEO DEL PRADO

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